En YAPYAP, un mago te envía junto a tus amigos a la torre de un rival, convertidos en pequeños esbirros con sombreros puntiagudos. Vuestro amo quiere que arméis un buen destrozo; los habitantes mágicos del lugar preferirían que no lo hicierais. El modo cooperativo online admite de dos a seis jugadores, con un objetivo común y un sistema de hechizos basado en conjuros que se pronuncian en voz alta.

Un objetivo común para sembrar el caos por toda la torre

Cada noche tenéis que alcanzar una meta compartida de vandalismo. Los pianos, las alfombras, los retretes, los muebles y otros objetos de la torre del archimago pueden sumar puntos. Romper un piano, atascar un retrete o fastidiar al mago de cualquier otra forma contribuye al objetivo del grupo. Hasta el mobiliario más corriente acaba formando parte de la puntuación.

Cada visita a la torre tiene un límite de tiempo. Mientras dure, podéis avanzar hacia la meta y encontrar la salida. Una brújula apunta hacia la salida de la mazmorra, mientras que la cuota de vandalismo mide cuánto caos habéis causado. La incursión tiene así dos metas distintas: alcanzar la cuota que os ha marcado vuestro amo y encontrar la manera de salir de la torre. Las criaturas que patrullan se mueven por las mismas salas que los objetos que os dan puntos; el trabajo y el peligro comparten espacio. En la sala de extracción, quien usa el Orbe para observar a sus compañeros puede hacerse oír por la persona a la que está mirando.

Un caldero humeante con líquido azul ocupa el centro de una sala oscura; se ven una varita a la izquierda y el brazo del jugador a la derecha.

La magia ofrece varias formas de trastear con la torre

Los hechizos de YAPYAP sirven para algo más que atacar monstruos. Puedes empujar, atraer, destrozar, lanzar y hacer levitar objetos; otros conjuros permiten teletransportarse, crear clones, confundir, disfrazar o transformar cosas. Una de esas transformaciones se llama «fishify». Estos efectos pueden cambiar dónde está un objeto, qué está haciendo o qué forma adopta una criatura.

Los hechizos vienen en varitas de distintos tipos, con magia para moverse, manipular objetos, transformar cosas o atacar. Cada varita adicional aporta sus propios conjuros; puedes encontrarla en cofres de la torre o comprarla con oro al comerciante de la casa. Un hechizo que lanza objetos cobra otro sentido en una sala llena de muebles que en un pasillo con un guardia. El mismo repertorio puede afectar a la torre, a una criatura o a tu propio mago. Algunos hechizos tienen efectos concretos: Grab Ana puede agarrar a un personaje no jugador y lanzarlo por los aires, mientras que Ignis Tongue puede dañar al monstruo del Ojo. La magia pasa así de los efectos físicos y el movimiento a encuentros más extraños.

Las familias de varitas también cumplen funciones diferentes. La magia de viento incluye Aero, que empuja un objeto, y Up-Dog, que levanta a quien lo lanza. Los hechizos telequinéticos pueden apartar un objetivo o hacer que los objetos floten. Una varita de ilusión puede enviar un clon por delante o transformarte en una silla; la varita Blessed incluye hechizos para proteger o curar a un compañero. La magia no solo contribuye a la cuota de vandalismo compartida: también permite moverse, defenderse y gastar bromas a los habitantes de la torre.

Las varitas y las herramientas ocupan las manos de tu esbirro. Solo puedes usar el objeto que llevas en la mano activa; llevar una segunda varita te da otro conjunto de hechizos para alternar. Una antorcha y una varita, por ejemplo, sirven para cosas distintas, pero compiten por el mismo espacio limitado. El equipo determina así qué tienes a mano en plena incursión, mientras los demás esbirros llevan sus propias varitas y objetos.

También puedes lanzar hechizos mientras corres y saltas. La voz forma parte del movimiento por la torre: pronuncias un conjuro cuando tu esbirro ya está en marcha, sin convertir la magia en un turno aparte ni en una acción de menú. Incluso puedes lanzar hechizos mientras montas un pez, así que una transformación puede formar parte de la acción y no quedarse en una ocurrencia aislada.

Los contratos añaden tareas de caos concretas a cada visita. Pueden pedirte que quemes libros, transformes enemigos o lances monstruos; los puntos de esos encargos cuentan para vuestro progreso. Su aportación aumenta a medida que avanza la cuota compartida. No sustituyen el objetivo de vandalismo: dan otra tarea a los mismos hechizos y objetos durante la incursión contrarreloj.

Los hechizos hablados se mezclan con la conversación

Con los hechizos por voz, pronuncias los conjuros ante un micrófono y la dicción clara importa. También hay una opción de selección mediante una rueda de hechizos que permite elegirlos sin decir el conjuro. Cambia la forma de escoger la magia; los conjuros hablados siguen siendo la manera distintiva de lanzar hechizos en YAPYAP.

La voz de los conjuros se suma a la conversación, no la reemplaza. El juego también tiene chat de voz por proximidad: a medida que tus amigos se alejan por las salas, sus voces cambian de volumen. Mientras el juego espera un conjuro, podéis seguir hablando de lo que encontráis en la torre.

El ajuste «Spell Voice Cast on Hold» hace que los hechizos por voz solo se activen mientras mantienes pulsado el botón derecho del ratón. También puedes elegir el idioma de los conjuros por separado del idioma del texto del juego. Se admiten hechizos por voz en inglés, francés, alemán, italiano, japonés, coreano, mandarín y ruso, así que podéis usar idiomas distintos para el texto y la voz. Esto viene bien a un grupo multilingüe: el juego puede mostrar los menús en un idioma y escuchar los conjuros en otro compatible.

En el modo online, una persona hace de anfitriona desde la sala de la casa. Sus amigos pueden unirse a través del Orbe del juego o de la interfaz de Steam. La invitación empieza en la casa del anfitrión, no en el menú principal. Esa misma casa sirve de punto de encuentro entre las visitas a la torre. Tus amigos pueden unirse aunque la incursión ya haya empezado; una incorporación tardía no cuenta como una muerte ni acarrea una penalización de cuota. El anfitrión puede expulsar a jugadores de la sala, y quien haya sido expulsado no podrá volver a esa partida hasta que empiece otra. En la casa hay una sala para los ingredientes de pociones, un comerciante y espacio para dejar varitas, antorchas y otros objetos. Así, una sesión online enlaza varias visitas: os reunís en casa, pasáis un tiempo en la torre y regresáis antes de la siguiente noche.

Los conjuros hablados pueden coincidir con las conversaciones. La rueda de hechizos ofrece otra forma de seleccionar magia a quienes prefieren no decir las palabras en voz alta. El chat por proximidad añade otra capa a la charla del grupo mientras los esbirros pasan de una sala a otra.

La torre ya está habitada

La torre del archimago tiene sus propios habitantes. Algunas criaturas patrullan los pasillos para proteger un estudio; otras son experimentos mágicos fallidos, y también hay seres oscuros cuya existencia desconoce hasta el propio archimago. Vuestro objetivo es el vandalismo, pero los habitantes se interponen entre el grupo y sus blancos.

Podéis guardar silencio, crear distracciones, esconderos o echar a correr. El contraste está en mandar a unos esbirros pequeños y traviesos a un lugar ocupado por una magia poderosa. Las varitas afectan tanto a las criaturas como a los objetos cercanos, así que explorar, causar daños y lidiar con amenazas puede ocurrir a la vez. Algunos conjuros cambian la forma de una criatura; otro puede dañar al monstruo del Ojo. Los habitantes forman parte del mismo espacio de juego mágico que el objetivo de vandalismo; no empieza un combate independiente al completar la tarea.

Los habitantes también tienen apariencias distintas. Una figura alta, parecida a un pájaro, se alza bajo un arco de piedra mientras los esbirros de colores levantan sus varitas. En otra sala, una criatura acorazada con una espada ocupa un pasillo oscuro frente a dos magos más pequeños. Los sombreros brillantes destacan contra la piedra oscura de la fortaleza. Las vigas de madera, los pasillos estrechos, las estanterías y las salas de piedra componen una torre de aspecto mágico, aunque sus muebles también sumen puntos de vandalismo. Las incursiones empiezan en salas iniciales más pequeñas antes de llevar al grupo hacia el interior del castillo.

Unos magos con las varitas alzadas se enfrentan a una criatura alada bajo un arco de piedra.

Salir de la torre también forma parte del encargo. YAPYAP se desarrolla en un entorno de terror donde sabotear solo es una parte de la visita. El grupo tiene que dañar las salas y encontrar la salida del edificio protegido al que lo han enviado.

Una criatura con armadura aparece en un pasillo oscuro de la torre, entre magos con sombreros amarillos y rojos.

Lo que pasa de una noche a la siguiente

Las visitas a la torre forman parte de una partida con varias noches y una base compartida entre ellas. Allí se conservan entre noches el equipo y los suministros, como las varitas, las antorchas y los ingredientes para pociones. Puedes llevar hasta tres pociones de salto a la vez, y las mejoras de resistencia se guardan durante la partida. Un panel de orientación explica lo básico antes de la primera visita a la torre. El comerciante compra Orbes por 25 monedas de oro. Así, el equipo y los suministros acompañan al grupo de una visita a otra mientras aumenta la cuota de vandalismo.

Si alguien no consigue salir de la torre, el servicio de objetos perdidos puede devolverle un objeto; las varitas de viento están excluidas. Esta recuperación es independiente del equipo que se deja en la base entre noches. La casa conserva los objetos que guardáis allí, mientras que objetos perdidos recupera como máximo uno por jugador que no haya logrado salir. El grupo dispone así de un lugar para guardar equipo útil y de una recuperación limitada para lo que alguien llevaba consigo y no pudo traer de vuelta.

El juego también incluye una mecánica de reanimación para que un jugador caído pueda volver con el grupo durante una incursión.

¿Encaja YAPYAP con vuestro grupo?

El cooperativo online admite entre dos y seis jugadores en total: una persona y hasta cinco amigos. Todo el grupo puede compartir la misma torre y el mismo objetivo de vandalismo; cada uno interpreta a uno de los esbirros del mago. El juego online requiere una conexión a Internet de banda ancha, algo a tener en cuenta en un modo pensado para jugar en línea y hablar por voz. YAPYAP encaja sobre todo con grupos que quieran sabotear juntos, usar la magia para moverse y recorrer una torre llena de amenazas mágicas.