Primal Fears es un shooter isométrico en el que avanzas por una ciudad invadida por mutantes. Su cooperativo online permite jugar con hasta tres amigos. El juego ofrece una campaña de misiones cortas, arenas independientes para repetir partidas y un catálogo creciente de armas y gadgets en los que gastar las recompensas. También puedes jugar en solitario, pero en cooperativo sobrevivís juntos a las mismas oleadas en lugar de enfrentaros entre vosotros.
La historia tiene un tono deliberadamente pulp. Una sustancia química llamada pharGONe debía contener una plaga de insectos, pero transformó tanto a los insectos como a las personas. Desde un campamento base, os adentráis en la ciudad infectada, disparáis durante las misiones y encontráis fragmentos de la catástrofe en periódicos. Esos recortes apenas dan un hilo conductor al brote. Si vuestro grupo busca una historia centrada en personajes, con escenas largas o mucho trasfondo, el juego deja bastantes cosas en el aire. Su foco está en el siguiente pasillo, la siguiente horda y la mejora que pueda pagar la partida anterior.
Las misiones os llevan por la zona infectada
Elegís misiones en el centro y entráis en niveles que recorren espacios urbanos e industriales. La estructura es directa: cruzar una zona, eliminar a los mutantes que bloquean el camino y llegar al siguiente tramo. A veces hay que buscar una tarjeta de acceso, abrirse paso por una barricada o usar un explosivo para despejar la ruta. Algunos puntos requieren interactuar con un objeto antes de continuar; la mayoría de las veces, una multitud de criaturas se interpone entre vosotros y la salida. Buscar tarjetas de acceso y abrir barricadas no convierte la campaña en un juego de puzles: son interrupciones breves en rutas donde lo principal es despejar la siguiente zona llena de enemigos. Así, el objetivo sigue siendo claro para el grupo, aunque el ritmo de las misiones se repita de una fase a otra. La atención vuelve enseguida al camino, la oleada y la salida.
Los mapas son sobre todo lineales, con desvíos ocasionales que conducen a callejones sin salida o a objetos escondidos. Podéis encontrar dinero en habitaciones y callejones, y los puntos de control evitan que un fallo os mande siempre al principio del nivel. El objetivo se entiende rápido: seguir avanzando, explorar los desvíos visibles y llevar al grupo hasta el final de la fase.
Esa sencillez también es su mayor límite. Las misiones repiten el patrón de avanzar por zonas llenas de enemigos y la historia ofrece pocos motivos para interesarse por la gente o los lugares más allá del brote. Los puntos que ganáis en las misiones desbloquean las siguientes fases. Una puntuación baja puede obligaros a repetir un mapa conocido antes de abrir el próximo. El juego no promete una estructura distinta cada vez que volvéis.
La puntuación y las compras dan dos propósitos diferentes a esas repeticiones. Los puntos al final de una fase determinan qué partes de la campaña se desbloquean después; el dinero que encontráis o ganáis con las bajas sirve para comprar equipo. Las dificultades se llaman Easy, Medium, Hard e Insane. En las opciones más fáciles los combates son menos duros, pero puede costar más reunir los puntos necesarios para avanzar. Una partida puede acercaros a una nueva ruta o daros más presupuesto para armas.
Las arenas ponen las armas a prueba de otra forma
Además de las misiones de historia, Primal Fears ofrece arenas rejugables. En ellas, el objetivo cambia: en vez de recorrer una ruta hasta el final, tenéis que aguantar las oleadas y conseguir más dinero. Las arenas alimentan la misma progresión que las misiones: las bajas y el dinero recogido aumentan lo que podéis gastar en los puestos de armas. Supervivencia se centra en resistir en un punto, en lugar de avanzar por la ruta de una misión.
Los dos formatos cubren distintos planes de juego sin cambiar la actividad principal. Una misión os lleva por una ruta con pequeñas interacciones; en una arena, el grupo se queda en el mismo lugar mientras siguen llegando enemigos. El multijugador es cooperativo PvE, no un modo de combate entre jugadores: sois cuatro contra el juego. Podéis comparar vuestras puntuaciones después de cada partida.
Mutantes, armas y mejoras definen cada partida
La cámara se mantiene por encima de vuestro superviviente y muestra enemigos cercanos, coberturas, objetos en el suelo y hacia dónde apuntáis. El brote incluye atacantes corrientes, criaturas grandes, minijefes y jefes. Hay humanos transformados y seres con aspecto de insecto, así que las hordas no se limitan a zombis de siempre. Cuando un mutante pesado se suma a un grupo de enemigos pequeños, cambia el combate: muchos objetivos pueden ocupar un pasillo estrecho, mientras el cuerpo más grande desvía vuestra atención del resto de la oleada. No hay un sistema de clases con roles que el grupo tenga que cubrir.
Al empezar lleváis armas de fuego convencionales y una herramienta básica de combate cuerpo a cuerpo. Con el dinero que ganáis, podéis comprar y mejorar en los puestos un arsenal de más de quince armas. Entre las herramientas secundarias hay coches teledirigidos, torretas y drones; también podéis encontrar un lanzallamas, una pistola de clavos, un lanzador de hojas de sierra y un coche teledirigido explosivo. Las mejoras siguen teniendo efecto en las partidas posteriores, así que el equipo no se reinicia por completo al terminar una misión.
El campamento base sirve para elegir misiones y hacer compras a largo plazo. En algunas misiones también hay puestos de armas. El dinero puede ser útil en el momento si una oleada os deja sin munición, y más adelante para comprar una mejora. El juego usa teclado y ratón, con compatibilidad parcial con mandos. Conviene tenerlo en cuenta antes de empezar: el mando puede funcionar en algunas partes, pero no se promete compatibilidad completa.
El catálogo permite que cada amigo lleve herramientas distintas al mismo combate, sin clases ni papeles fijos. Las armas y el equipo elegidos determinan lo que aporta cada persona: una torreta o un dron añade otro elemento al campo de batalla, mientras que los explosivos ofrecen una opción más allá de disparar a la oleada. El grupo se define por la potencia de fuego compartida y la variedad de herramientas, no por roles asignados.
Las armas menos convencionales tienen una contrapartida frente a las conocidas. Las más potentes pueden quedarse sin munición enseguida, y los enemigos resistentes aguantan mucho daño. Entre compras quizá acabéis recurriendo a rifles o escopetas de confianza. Las mejoras y la variedad de armas os dan motivos para completar la campaña y subir la dificultad. El equilibrio puede parecer una prueba de desgaste, así que toca administrar dinero y munición en vez de esperar que cada arma nueva sea una mejora sin esfuerzo.
Los combates difíciles pueden ser implacables
La presión principal viene de la cantidad de enemigos. Los mutantes se abalanzan desde varias direcciones, atacan a corta distancia y llegan en tandas que convierten una zona despejada en un espacio abarrotado. Podéis disparar, lanzar explosivos, pelear cuerpo a cuerpo y correr durante unos segundos; correr y usar el ataque cuerpo a cuerpo consume resistencia. Retroceder es más lento que avanzar, así que retirarse mientras disparáis forma parte habitual del combate.
Esto pesa más en grupo: hay más armas en pantalla, pero los enemigos pueden seguir necesitando muchos disparos para caer. Si a un amigo le gustan los shooters de supervivencia exigentes y otro esperaba una historia cooperativa ligera, esa diferencia puede notarse enseguida. Hay varios niveles para elegir cuánto aprietan los combates, desde Easy hasta Insane.
La oscuridad y los haces de las linternas dan a ciertos interiores un aspecto opresivo y estrecho; la sangre y las criaturas enormes aportan un tono de terror pulp. Las calles bajo la lluvia y las salas clínicas hacen que la ciudad parezca abandonada, mientras la linterna solo ilumina una pequeña parte de la oscuridad. El miedo viene más de ver aparecer una horda desde una esquina oscura que de largas escenas de suspense. El juego se inclina por la acción arcade sangrienta antes que por una historia de terror lenta y elaborada.
Lo que vuestro grupo debe saber
El cooperativo online admite hasta cuatro jugadores en Windows y requiere una conexión de banda ancha; la compatibilidad con mandos es parcial. Contad con jugar online desde ordenadores distintos y no deis por hecho que hay cooperativo local o juego cruzado. Los requisitos mínimos llegan hasta Windows 8, así que no aclaran la compatibilidad con las versiones actuales de Windows.
Hasta cuatro personas pueden jugar juntas online. Ese límite no confirma si hay salas disponibles hoy ni si crear, invitar y unirse a partidas funciona de forma fiable. Si lo compráis específicamente para jugar en grupo, comprobad que podéis conectar antes de contar con una sesión.
Primal Fears encaja con un grupo que busca un shooter cenital compacto y violento, con compras y mejoras de armas, misiones repetibles y oleadas de mutantes. La premisa se entiende enseguida, las misiones ofrecen una ruta clara y las arenas dan otro lugar para sobrevivir y ganar dinero. La historia ligera, los encuentros repetidos, la resistencia limitada y la dificultad irregular importan tanto como la variedad de equipo. Su atractivo más claro es una partida online de cuatro personas en una ciudad infectada, con armas, gadgets y criaturas llenando la pantalla. La mayor pega: ese mismo combate puede durar más de lo que esperáis.