Sobrevivir en el mar abierto

En Raft despiertas en una balsa diminuta, con un gancho de plástico viejo como única herramienta, rodeado de océano azul y sin tierra a la vista. Tienes sed y hambre, y eso marca el ritmo desde el principio: cada cosa que consigas dependerá de lo que pase flotando a tu alcance. Con el gancho lanzas, recoges restos, y con la mesa de investigación aprendes a fabricar equipo de supervivencia, armas, bancales de cultivo y más. El objetivo es manteneros con vida mientras la balsa crece desde un esqueje de restos hasta una flotante residencia digna de sobrevivir.

Los recursos escasean en el mar, así que toca aprovechar todo: recoger lo que flota, bucear en los arrecifes cuando ancláis, y explorar las islas que aparecen por encima de las olas. La sed y el hambre no son el único peligro: un tiburón devorador de hombres persigue el viaje y quiere terminarlo, además de otros peligros del océano que os obligarán a defender la balsa.

Cómo se juega en grupo

Raft se puede jugar en solitario o en cooperativa online con amigos. En grupo, la partida funciona por tareas: uno lanza el gancho para atrapar restos, otro se ocupa de fabricar y construir, otro bucea en busca de recursos o cultiva y cocina para abastecer a todos. La balsa es vuestra base compartida, y ampliarla es un trabajo conjunto: vais ampliando la plataforma, añadiendo módulos y convirtiéndola en un hogar flotante donde repartir las tareas de cada jornada.

Navegar también es cosa de todos: anclad para explorar las profundidades, y poneros de acuerdo sobre hacia dónde lleváis la balsa. Cada destino nuevo trae desafíos propios y, con ellos, nuevos objetos que os ayudan en el camino.

Antes de empezar

Lo que define a Raft es el ritmo de la supervivencia en mar abierto: al principio no tenéis casi nada y las prioridades son agua, comida y madera suficiente para no hundiros. Ir ganando terreno es lento pero constante, porque cada ampliación de la balsa se construye con lo que habéis ido recogiendo.

Pensad la partida como algo continuo: la balsa os lleva de un destino a otro, y en cada parada encontrareis los últimos restos de civilización todavía a flote, con desafíos que superar y la historia de sus antiguos habitantes por descubrir. Llevad equipo para pelear y defender la balsa, porque la exploración y la pesca en superficie y bajo el agua conviven con el peligro permanente del tiburón. Y no olvidéis los cultivos y las recetas: crecer animales, cocinar y hacer batidos es la forma más estable de no pasar hambre en la travesía.

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